lunes, 21 de septiembre de 2009

La vida es un cabaret

No se cómo empezar a escribir esto... la emoción me embarga a pesar de que la tormenta ya fue ayer.
Muchos años me pasé intentando encontrar un espacio en donde no sólo pudiera, sino que fuera obligatorio ser yo. La vida me fue arrastrando lentamente, como una botella en medio del mar, confundida. Hoy llegué a mi destino y pude entregar por fin el mensaje que estaba en mi interior. Mensaje escrito hace mucho tiempo atrás, mensaje que de tan perdido había olvidado el destinatario original, aunque eso ahora ya no importa: llegó a la playa y fue abierto por alguien, da lo mismo quién.



He estado en otros grupos de gente que se dicen artistas. En algunos he conocido a personas verdaderamente valiosas, pero en ningún espacio había encontrado mi propia esencia, mi propio yo. No había descubierto la verdadera mujer, la verdadera persona que habita dentro de mí hasta este momento. No sé qué vaya a pasar de ahora en adelante, pero el cabaret es mi vida... porque mi vida está en el cabaret.


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lunes, 14 de septiembre de 2009

"Entrevistando a alguien que intenta escribir"



Por Ewell Borrero

"Hortensia Martínez no se autodefine como bloggera, pues a pesar de que tiene un par de blogs, y es precisamente en este medio en donde más practica el pasatiempo de la escritura, ha hecho guiones de cine, televisión y teatro, así como uno que otro cuento e intentos de poesía cuando era una adolescente. En el fondo sigue siendo una púber atrapada en el cuerpo de una dama, por lo que fue interesante conocer más a fondo los motivos que la llevan a compartirnos pedazos de su realidad y su imaginación a través de sus espacios cibernéticos.

Acomodados en una pequeña cafetería por el rumbo del Ajusco (sus territorios, como ella le llama), conversamos con esta peculiar mujer tímida en un principio, pero resuelta y apasionada cuando tocamos un tema que conoce peligrosamente bien: ella misma.

¿Qué te hace escribir?
Un impulso, siempre un impulso

¿Escribes a menudo?
Sí... (Se interrumpe) jejeje… se me ocurrió una babosada ahora que preguntaste eso. “No, no les escribo. Dejaron de gustarme cuando tenía siete años”, pero bueno, olvidémoslo y hablemos en serio. (Risas)

¿Por qué escribes?
Porque es la manera más amable de darme a entender, que mi interlocutor no me interrumpa y me escuche con atención, y si se distrae, que yo no me dé cuenta, y si bosteza, que yo no me ponga nerviosa pensando que le aburren mis palabras, y si quiere dejarme con la palabra en la boca, puede hacerlo sin temor a verse grosero o grosera conmigo. La lectura de mis ideas erradica el sentimiento de culpa en aquellos que se atreven a leerme y se fastidian antes de los cinco minutos. Por eso escribo, para sentirme escuchada, aceptada, y en caso de ser rechazada, no darme cuenta de ello.

¿Qué escribes?
Lo que siento, lo que pienso y lo que hago. En ese orden.

¿Cuando escribes, en qué estado de ánimo te encuentras?
Antes pensaba que sólo estando triste podía escribir cosas lindas, que la felicidad me daba güeva y que estando instalada en una personalidad que cualquiera calificaría de emo en estos tiempos, escribir era una salida igual de fácil, pero más inteligente que el suicidio. Ahora escribo siempre, cuando estoy contenta, cuando estoy furiosa, si me ataca el nerviosismo, si estoy excitada, si estoy deprimida... Siempre, siempre escribo.

¿Al redactar, empiezas enseguida o lo planeas?
No lo planeo, empiezo enseguida. A veces la idea se gesta en mi cabeza con varios días de antelación, y así puede andarme rondando por algún tiempo, pero no llego a escribirlo sólo hasta que esta simple idea se convierte en un sentir extremo, en una necesidad urgente de expresión, entonces me trueno los dedos y afino el teclado. Otras veces la idea, el sentir y la necesidad surgen de inmediato, vienen en el mismo frasco, y entonces al destaparlo, el temblor de los dedos por escribir es algo casi fisiológico, es una sensación parecida al hambre, la sed o el amor: es urgente saciarla antes de que te haga enfermar.

¿Qué equipo utilizas?
Una libreta y una pluma son suficientes, aunque he perdido un poco la costumbre de escribir mientras viajo, por ejemplo. Desde hace ya algunos años, el teclado de la compu y el procesador de textos se han vuelto mis más nobles herramientas.

¿Consultas diccionarios, repasas textos?
Casi no. Cuando quiero pulirme en algo, tal vez, pero prefiero ser yo misma cuando escribo, no tomar prestados estilos ni palabras que no están en mi vocabulario habitual. Lo que escribo debe reflejar lo que soy, si no, no vale.

¿Te sientes satisfecha con lo que escribes?
Absolutamente. Debido a que sigo la fórmula anterior: ser yo, lo que escribo va dejando un testimonio de lo que soy en cada momento, cómo me siento, cómo evoluciono o involuciono en cada caso. Si me comparo con gente que escribe de oficio y que conoce varios secretos que yo no, entonces sí estoy perdida. Prefiero no hacerlo, prefiero autocomplacerme, eso me funciona porque es la única forma que tengo de apapacharme y aceptarme como soy. ¡Dios sabe que no me cuesta mucho trabajo ser exageradamente exigente conmigo y mis cosas! Por ello la escritura me relaja, porque no me exijo ser algo que no soy, ahí simplemente… ¡soy!

¿De qué manera crees que podrías mejorar tus escritos?
Bueno, si con “mejorar” hablamos de estilo, vocabulario y esas cosas, pues no hay otra manera más que leyendo. Leer a otros autores te abre un abanico de posibilidades. Te hace enamorarte del manejo de las situaciones, de las diferentes formas que tiene cada quien de tejer un ensayo, un cuento, un poema, una obra de teatro, y eso te ayuda a aprehenderlo, a hacerlo tuyo y guardarlo en el inconsciente para después sacarlo cuando sea útil o necesario. Leyendo, no hay más.

¿Cuáles son tus puntos fuertes y tus puntos débiles?
Mi punto fuerte es ser yo cuando escribo: con la honestidad llevo ganada más de la mitad del terreno. Mi punto débil es mostrarme de más, perfectible como soy, débil y vulnerable no pocas veces, pero en general creo que me defiendo.

¿De qué manera crees que podrás mejorar tus textos?
¿De nuevo esa pregunta? (Sonríe entre apenada y divertida) Bueno, tal vez arriesgándome a ser otras que no soy en la vida real, pero que soy en la fantasía. Ya lo he hecho cuando escribo teatro, por ejemplo, pero tal vez practicarlo más en la narrativa, en mis escritajos cotidianos. Llevar eso que llaman otredad más seguido a mis escritos podría ser también interesante.

¿Cómo te gustaría escribir?
De una forma en que todos me entendieran. Es fácil que empaticen contigo si escribes cosas sentimentales, pero no que te entiendan realmente. Eso es lo difícil.

¿Qué dicen los lectores de lo que escribes?
Pues no sé, me lee muy poca gente, y la verdad no sabría decir si son lectores o no. Tal vez no lo son porque me dicen que escribo “padrísimo”, o bien porque son mis amigos y me echan porras aunque sean buenos lectores. Cuando un lector empedernido que no sea mi amigo me lea, veré qué me dice. Si es un bibliófago de esos que sólo repiten lo que ven en los escritores fregones, lo mandaré directito a la mierda aunque de dientes para afuera le agradezca su opinión, pero si es lector sincero y me critica algún punto que cause confusión o me ayude con ideas para hacer mi escritura más bella, lo recibiré de mil amores y le ofreceré un café.

¿Qué importancia tiene la corrección gramática del texto?
Mucha. No puedo negar que a pesar de que escribo de corrido en una primera instancia, siempre hago correcciones después a diestra y siniestra. Un escritillo por muy pequeño que sea, debe tener coherencia, cadencia, congruencia y ¿por qué no?, también cierta belleza. Debe gustarme a mí para poder publicarlo, debo quitarle una que otra cacofonía, palabras repetidas, ideas que al pensarlas no me parecen estorbosas, pero que al leerlas escritas por mí pueden parecerme incluso estúpidas. Corregir la gramática para que el lenguaje sea efectivo es crucial. Uno escribe para que otros lo lean, y hablar lo mejor posible es lo que prefiero, ¡aunque adoro las malas palabras cuando salen del alma! ¡Porque eso también es hablar bien!, ¿o no? (Risa final)."










Gracias a Ewell Borrero de Clon 2.0 por las preguntas :)

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martes, 28 de julio de 2009

La censura en los medios visuales.

Recuerdo cómo en los viejos tiempos aún podíamos ver sobre los hombros de Jacobo Zabludovsky esos hilos de titiritero que determinaban sus acciones y palabras en el noticiero de la noche. Cómo en Siempre en Domingo el persignado de Raúl Velasco hacía y deshacía estrellas a conveniencia de los intereses del imperio PRI-Televisa, cómo Chespirito confundía el humorismo blanco con la estupidez, y cómo Chabelo nos vendía la ilusión de tener juguetes caros a los niños con Reyes Magos pobres. Eran los pilares de la televisión en México, y su legado aún hoy día nos sigue influyendo.

Estoy hablando de un pasado para el cual las nuevas generaciones no encontrarían explicación. Se censuraba todo: no podía haber besos reales en las telenovelas, era tan falso todo, que esa teatralidad le daba cierto encanto a algunas de las mejores producciones de la época. Hoy no sólo vemos lenguas sino hasta nalgas. Gina Montes salía con un cuerpo de vedette setentera, de muslos gruesos y leotardo completo. No podía enseñarse el ombligo, ya que era considerado una zona demasiado erótica que sólo se enseñaba en los cabarets donde iban los caballeros. Hoy todo el mundo enseña el ombligo, desde Niurka que sólo se tapa pubis y pezones, hasta las más inocentes colegialas de los programas para niños.


En Brazil surgió el fenómeno de Xuxa, que era una sexy rubia que conducía programas infantiles, y se hacía rodear de lindas lolitas en short o minifalda. ¡Claro! el programa era todo un éxito, porque el asunto se volvió comercial no sólo para los pequeños y sus madres, que los acompañan a todas partes, sino también para los padres, que tenían entretenimiento visual mientras los más chicos de la casa bailaban y cantaban.


En México surgió entonces una copia barata del programa de Xuxa, se hacía llamar TeVeO y de ahí surgieron ideas para poner a una mujer joven en minifalda a cantarles a los niños, así que entrada la década de los noventas, Tatiana tuvo un éxito arrasador. Después vinieron otros intentos como los de Luz Elena González, y más recientemente la ex integrante de Jeans, Patricia Sirvent. Todo se ha desviado hacia lo visual.


Hoy tenemos un gobierno distinto, nos vendieron otra ilusión: la del cambio, la de la verdadera democracia, algo en lo que todavía estamos muy verdes pero queremos creer. Supuestamente con el ascenso de Emilio Azcárraga Jean a la presidencia de Televisa, un joven empresario con ideas frescas y mente más abierta, un verdadero cambio en las producciones era una posibilidad. Antes ya se había gestado una fuerte competencia para la televisora con la creación de TVAzteca, por mis rumbos, en el Ajusco, pero todo siguió siendo puro atole con el dedo.


Me da tristeza recordar la censura en los medios visuales como algo que en su momento dio muchos dolores de cabeza a mucha gente, sobre todo a los intelectuales o gente visionaria que se daba cuenta perfectamente del engaño y la sumisión en la que nos tenían los medios, pero que también dejó a mucha gente sin trabajo por no querer obedecer a los intereses de los poderosos, o bien por cometer inocentes errores como el famoso "Bomberito Juárez" del Loco Valdés, chistorete por el cual lo vetaron durante un tiempo, al meterse con un "Héroe de la Patria", y no con cualquiera, sino con el "Benemérito de las Américas".


Y he de reconocer que mi propio misticismo se hizo a base no sólo de ir al catecismo durante seis años y rezar todas las noches, sino también saludando a la bandera y sintiendo el patriotismo correr por mi sangre al ver las películas de Miguel Hidalgo con su estandarte de la Guadalupana.


Hoy todo está desmitificado. Nada es sagrado y por un lado está bien. Pero, ¿a dónde nos ha llevado quitar la censura a los medios visuales, y en general a todos los medios de comunicación? Cuando el PRI dejó de estar en el poder ya todo se podía, el primer presidente del PAN fue el personaje político más caricaturizado, parodiado y burlado de todos los tiempos desde épocas de Don Porfirio Díaz, y eso dio la pauta para que todos los medios se descosieran hablando mal de medio mundo.


Paty Chapoy creó en 1996 el programa Ventaneando, mismo que autodenominó "de crítica televisiva", y que en un principio fue novedoso porque hacía evidentes muchos errores que cometen las producciones, y alguno que otro resbalón moral o escandaloso de los famosos... pero aquello desató reacciones muy pronto, al grado de que la titular del programa fue demandada en varias ocasiones, pero gracias al rating que ha tenido Ventaneando desde sus inicios hasta la fecha, hoy por hoy la conductora se ha hecho intocable, una nube de poder e impunidad la rodea, y cuentan las malas lenguas que en la televisora del Ajusco tiene un piso completo para ella y su equipo, que son los que manejan a su antojo las notas del espectáculo que se dan en los canales de TV Azteca.


Paty Chapoy es la nueva constructora y destructora de estrellas. Lo que en su tiempo hizo Raúl Velasco, elevando a categoría de ídolos a quienes él quería, y destrozando a quienes le caían mal, es lo que ahora hace esta señora voluntariosa y desagradable, cuyo mal ejemplo ha sido seguido por muchas personas, y cuyo modelo ha sido imitado en muchos programas, tanto así, que se ha perdido la línea entre lo artístico y lo personal, no se sabe qué es arte ya. Un artista es sinónimo de un naco guapo y con dinero, y la cosa no es así.


No conformes con esto, en 2002 importamos un formato que llegó para quedarse: el Reality Show. Y entramos a ese mundillo por la puerta de enfrente: con Big Brother, un fenómeno que atrapó tanto a científicos sociales como a morbosos y pervertidos. Descubrimos que teníamos tanta hambre de realidad, habiendo sido sometidos a décadas de engaños, que nuestros ojos devoraban las imágenes que eran tan reales que mordían. La televisión por cable tuvo el "privilegio" de transmitir desnudos, sexo explícito, palabras altisonantes que aunque en tele abierta se cubrían aún con el famoso beep, eran tan obvias que hasta el niño más inocente sabía lo que se ocultaba detrás de tan molesto ruido.


Aparentemente hubo más apertura hacia las minorías. La paulatina desaparición de la censura hizo que muchas personas aprovecharan la ocasión para hacer programas inteligentes, serios, y para defender causas nobles como la equidad de género o combatir otras como la discriminación hacia los indígenas y homosexuales, pero como siempre, aunque se habla casi sin tapujos de muchas cuestiones, se privilegia la mofa absurda ante la verdadera crítica.


Y por si fuera poco, la proliferación de la Red de Redes por todo el mundo, sigue vendiendo tanto sexo y violencia, que las generaciones más jóvenes han nacido en medio de este caos visual. Les damos la bienvenida con nota roja, con video juegos de guerra y sangre, con titulares diarios de gente sin ropa o sin tripas, con programas de televisión en donde gente bonita físicamente hace porquerías intelectuales o espirituales, y debemos enseñarles a nuestros hijos la diferencia entre lo que se ve llamativo y lo que en verdad vale la pena.


Nunca pensé decir que extraño la censura, pero creo que va siendo tiempo de cuidar, así como el alimento, qué es lo que nos metemos por los ojos, como lo hacemos con lo que nos metemos por la boca.



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domingo, 28 de junio de 2009

Michael Jackson




Más que un rey, un pequeño príncipe
en el planeta equivocado.
Dibujémosle un cordero.
Descanse en Paz

jueves, 25 de junio de 2009

Los huevos de don Arturo

(o "En todos lados se cuecen habas"...-se aceptan ideas para la versión mexicana-)


POST PIRATEADO TAL CUAL DEL BLOG DE ÁLVARO ANCONA
(usted dispense)

Arturo Pérez-Reverte XL-Semanal.


C.c.p. Elba Esther Gordillo, Alonso Lujambio, y los maestros que no fueron a dar clases hoy.


PERMITIDME TUTEAROS, IMBÉCILES

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros -aquí matizaré ministros y ministras- de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros -el tuteo es deliberado- a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía.

De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia.. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana -que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural-, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña.

Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera , capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad» , entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente -recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española-. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres» , aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos»

Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p'alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco , Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias , José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil, que un malvado.
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AMÉN :)

domingo, 7 de junio de 2009

Decálogo del taxista

Soy una asidua usuaria de los taxis. Por eso nunca me rinde el dinero, porque siempre ando a las prisas y corriendo de un lado a otro. De esto ya son varios años, así que creo tener la suficiente autoridad como clienta frecuente, para hacer recomendaciones para quienes, ya sea por gusto o por necesidad, han decidido recorrer las calles para transportar a la gente presurosa como lo es una servidora.

Los primeros cinco puntos son indispensables para brindar un servicio mínimo de calidad:

  1. No ponga en riesgo la vida.- Esto implica respetar las reglas de vialidad, como son semáforos, señalizaciones, días de descanso obligatorio, los sentidos de las calles, a los peatones y a otros conductores. Por ello debe abstenerse de provocar posibles broncas o hacer caso a provocadores. Usted como chofer de taxi debe poseer un temple inquebrantable, y además cuidar de no beber si va a conducir, mucho menos usar drogas para mantenerse despierto. Respete sus horas de sueño y no salga a trabajar si no se siente en buenas condiciones de salud, ya que eso pone en riesgo tanto a su pasaje como a usted mismo. Tampoco hable por teléfono mientras conduce, ya que suele ser incómodo para el pasajero escuchar conversaciones personales mientras lo ve conducir con una sola mano. Evite sanciones y en lo posible cualquier tipo de distracción peligrosa: el teléfono es una de ellas. Mantenga sus papeles en regla y de preferencia su nombre y su foto a la vista, eso brinda seguridad.

  2. Pregunte la ruta preferida.- Cuando un pasajero aborda el taxi, tiene generalmente un destino fijo. Muchas veces ya se sabe a dónde se va y cómo se llega. Preguntar por dónde prefiere que se vayan es mucho mejor que decidir arbitrariamente la ruta. Si el pasajero ignora la ubicación del lugar, haga usted lo posible por tener a la mano una guía de la ciudad y decidir junto con su cliente el camino más corto. No maree a sus pasajeros con tal de dar más vueltas y hacer correr más el taxímetro, si usted conoce el rumbo, bríndele confianza y conduzca con la seguridad de estar ofreciendo un buen servicio. Si se está quedando sin gasolina, pregunte si no hay inconveniente en pasar a cargar antes, y ponga en marcha el taxímetro sólo cuando salga de la gasolinería. Si considera que no le va a alcanzar para llegar al sitio requerido, mejor no se arriesgue, y si por error o sin más remedio le toca algún congestionamiento vial, mantenga la calma. Un taxista debe estar preparado para abstenerse de tocar como desesperado el cláxon, y de murmurar o gritar improperios por no soportar este tipo de situaciones caóticas.

  3. Haga el intento por no conversar.-Puede que a usted le guste mucho comunicarse, pero tome en cuenta que no toda la gente está dispuesta a platicar en todo momento. Estudie la disposición del pasajero si usted quiere hablar, haga unos cuantos comentarios de rigor y si son fríamente contestados, significa que el cliente quiere pensar mientras viaja, leer o simplemente estar callado. Si el pasajero comparte su afición por platicar, o él mismo inicia la charla, dirija la conversación hacia algún problema de interés común. De preferencia no hable de su vida personal a menos que su pasaje se lo permita, y si es su cliente quien le habla de su vida privada, escúchele atento, y sea cuidadoso en emitir sus opiniones si éstas le son requeridas. Tampoco hable de religión, política y fútbol, debe saber que esos son temas escabrosos que causan conflicto muy fácilmente, pero si por casualidad se encuentra envuelto en una discusión de ese tipo, respete las creencias de la otra persona, o como quien dice "déle el avión", "por su lado". Usted no está para evangelizar, concienciar políticamente o convencer a nadie de lo que usted cree que es lo correcto, para eso hay otros espacios, si ese es su verdadero interés. Entendiendo eso, su charla será más amena y aprenderá mucho más de la vida si escucha más de lo que pretende hablar.

  4. Sea un buen conductor.- saber manejar implica muchas más cosas de las que usted se imagina: ser un buen conductor va desde saber llevar bien el volante hasta mantener una velocidad adecuada y tener presente en todo momento que usted está transportando seres humanos, no bultos de comida para perro. Recuerde que en su mayoría, quienes tomamos un taxi es porque llevamos prisa, así que piérdale el miedo a la calle y no maneje como abuelito con reumas, créame que es desesperante y no faltará quien le pida que aumente su velocidad porque se le hace tarde. Si eso sucede, acelere con moderación, nunca vuele ni rebase a menos que tenga la pericia necesaria para conducirse por la gran ciudad, y si es usted un aventurero arriesgado, tenga en cuenta que el pasajero puede agradecer su osadía si el tiempo es apremiante, pero también puede sentirse asustado si lo ve conducir como si en ello le fuera la vida. Avise lo que va a hacer y pida permiso, recuerde que aunque usted sea el dueño del coche, en ese momento está sirviendo a alguien más.

  5. Respete al pasajero.- ese es el punto crucial para brindar un buen servicio: no trate con demasiada confianza a alguien que apenas acaba de conocer, no importa la edad que sus clientes tengan, nunca les hable de "tú", ni les haga bromas. Si no se siente capaz de entablar una conversación amable sin que ésta suene confianzuda, mejor guarde silencio y hable lo indispensable. Créame que uno agradece más un conductor callado que uno que nos haga sentir acosados. En tiempos de inseguridad latente, un taxista que bromea, hace observaciones sobre nuestra belleza o hace insinuaciones sobre nuestro estado civil o laboral, provoca desconfianza y ganas de bajarse en la siguiente esquina. No ponga espejitos estratégicos para mirar los escotes y las faldas de las damas, no intimide con miradas por el retrovisor, no pregunte a quién van a ir a ver o quién los espera en casa. Eso es algo que no le incumbe a menos que tenga otras intenciones, así que realice su trabajo con decencia, no degrade el trabajo de los taxistas si lo que usted quiere es conquistar mujeres o delinquir. Si usted secuestra, viola y asalta, no es un taxista, es un criminal, y si no lo es, no se comporte como si lo fuera. Tampoco intente vender productos, es muy molesto, ni coloque trucos al taxímetro para que cobre más dinero, eso es reprobable.

Lo anterior entra en el nivel básico. Ahora que si usted quiere brindar un servicio de excelencia, ahí le van las siguientes recomendaciones:


  1. Tenga buenos modales.- Dé siempre los buenos días, las buenas tardes o noches cuando alguien suba. Si el pasajero no es educado y no contesta el saludo, no quedará usted como un descortés. Algunos pasajeros son tímidos, bríndeles confianza con un "Con mucho gusto", "Estoy para servirle". Son frases simples pero muy poderosas. Cuando alguien sabe que está en manos de alguien a quien le gusta hacer su trabajo, se siente mejor, más seguro, más relajado. Dé las gracias, desee buena suerte al despedirse. Hay algunos que se despiden con un "Dios le bendiga", tampoco es malo, es cálido y deja la sensación de haber tenido un buen viaje.

  2. Hable sobre el problema del cambio.- A la mayoría de los taxistas no les gusta cargar con mucho efectivo, debido a que también existe el riesgo de ser asaltados. Eso está bien, pero si es el caso, sugiera que le paguen con cambio, así el pasajero tendrá oportunidad de decir si va a pagar con un billete de alta denominación. En ese caso, ofrézcase a cambiarlo cuanto antes en cualquier tienda o gasolinera, así tendrá la certeza de que el eterno problema del cambio estará resuelto antes de llegar a su destino.

  3. Tenga atenciones.- Preocúpese por la comodidad y seguridad del pasajero. Prevenga que nadie pueda abrir por fuera el auto, sugiera colocarse el cinturón de seguridad, acomode los bultos en caso de haberlos, de forma que no caigan o lastimen a nadie, pregunte si debe cerrar la ventanilla porque el aire puede molestar, pida disculpas si no alcanzó a ver un tope y éste lo hizo brincar. Abra la puerta, ayude a bajar las cosas de la cajuela, brinde un servicio amable y con una sonrisa, le aseguro que la carga será menos pesada incluso para usted si tiene una actitud fresca y positiva. De esta forma, hasta los pasajeros más insufribles serán sólo eso: pasajeros.

  4. Mantenga limpio su automóvil.- No fume, resista el hábito, ahora que si ya es un vicio, pida permiso antes o hágalo cuando vaya solo, pero procure limpiarlo constantemente para que no guarde olores y siempre esté impecable. No hay nada más agradable que subirse a un taxi limpio, que huela bien. Seguramente le tocarán pasajeros inconscientes que embarren su auto de sustancias inimaginables: son los gajes del oficio, amigo, asúmalos con entereza y resuélvalos con dignidad. No se puede andar regañando a los pasajeros porque azotan la puerta o porque ensucian los interiores, si eso sucede, ponga una cara elocuente de disgusto, a veces eso es más que suficiente para obtener la disculpa del otro, y si así pasa, acepte la disculpa amablemente, no caiga en ser grosero, como sea, son sus clientes. Procure ser tolerante hasta donde se pueda.

  5. Escuche música tranquila.- o en su caso, las noticias. Nunca tenga música alocada o a un volumen estridente, créame que aunque a los pasajeros les guste el mismo tipo de ritmos que a usted, le agradecerán más que el volumen sea moderado y que la música incite a la calma y no al desorden. No cante a menos que vaya solo. No dé la impresión de que usted anda en su casa rodante y que uno es sólo un intruso de su comodidad. Tenga siempre presente que usted es un transportador, está sirviendo, no está haciéndole un favor a nadie, no se comporte como un patán que manda, sino como un servidor que complace. Si no le gusta ese trabajo, búsquese otro, se lo digo en serio.

En fin. Yo suelo ser una buena pasajera. Respeto al conductor y a su auto en el agradecimiento de que me están llevando cómoda, segura y con rapidez al lugar deseado, pero entiendo que existen otras personas que abusan de ese servicio, lo cual no quiere decir que por ello todos seamos iguales.


Por fortuna he conocido taxistas que cubren todas las características anteriores, pero por desgracia son muy pocos, la inmensa mayoría tiene un defectito que corregir, por eso quise contribuir con estos "Diez Mandamientos", para que si alguien sabe de alguien a quien le pueda servir, sea tan amable de hacérselo leer.


El servicio de taxi se está haciendo cada vez más necesario en las grandes ciudades como la mía, y no quisiera dejar de preferir viajar así, sólo porque los caballeros -y algunas damas conductoras- no se ponen bien las pilas y no realizan su trabajo como el cliente desea.


También invito a los demás usuarios, que me digan si se me pasó algo, podría ser de mucha ayuda para perfeccionar este decálogo, que podría ser un buen manual de cabecera para todo conductor de transporte público que se precie de serlo.



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