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domingo, 21 de marzo de 2010

Matrimonio y adopción gay: mi punto de vista

Comprender la homosexualidad en mi adolescencia significó para mí el aprendizaje más importante que había tenido hasta entonces. Uno no sabe, con quince años de edad, formada bajo una cálida educación católica, encerrada en un mundo rosa y con nulas referencias sobre la diversidad sexual; que para crecer hay que desaprender cosas.

Todavía no estudiaba las estructuras piagetianas y por eso fue muy duro enterarme poco a poco de que mi mejor amigo no tenía una enfermedad mental, y que dos personas del mismo sexo pueden amarse desde el corazón y no sólo por la piel.

Entrar a hacer teatro independiente me ayudó más en mi formación para la vida, que para estar arriba de las tablas mismas. Mi mente se abrió dolorosamente, y a partir de entonces no volvió a ser la misma. Recuerdo ir a ver repetidas veces las funciones de "Un día nublado en la casa del sol" de Antonio Algara, protagonizada por Marco Vinicio Estrello y Luis Ibar, como un intento de forzar a mi mente a que se acostumbrara a ver cosas que nunca antes le fueron dichas.

Pero, ¿por qué inicio diciendo cómo fue la apertura de mis esquemas mentales hacia otras formas de vivir la vida, ante otras formas de amor, ante otras formas de sexo? Porque sólo así puedo prepararme para abordar el tema, rodeado por esta polémica que ha desatado en una sociedad que se jacta de ser abierta y de estar en camino al desarrollo para entrar de lleno en la competencia mundial. Permítame que me ría.

Nuestro país no está acostumbrado aún a ciertas cosas, la mayoría de la gente sigue siendo -a conveniencia, pero fiel- católica, apostólica y romana. Tradicionalista, temerosa del cambio. Porque a la sociedad la tienen azorrillada, porque por un lado nos dicen que hay libertad de expresión, y por otro lado, se actúa con cerrazón y se aplica la moralina ante asuntos tan trascendentes como este y ante otros menores. Porque según esto, los capitalinos somos los más "civilizados", somos más "gente de mundo", estamos más curtidos por vivir en un caótico sitio, en una de las ciudades más complejas de todo el globo... pero no. Lo peor es que desde la capital del país es desde donde se toman las decisiones que luego afectan al país entero. Somos en muchas formas, modelo a seguir para mucha gente del interior que nos sigue viendo de esa manera.

Y no es porque lo digan Paquita la del Barrio o los políticos del PAN. La causa del matrimonio gay es algo que al parecer no debería someterse a tanta discusión: o va o no va....por fortuna no es así: en México se está haciendo historia. La lucha por los derechos de las minorías va dando pasos muy lentos, y el sólo hecho de que por fin se corte una rosa del jardín de las leyes, es motivo suficiente para iniciar el festejo...

Ahora bien: el matrimonio es una institución caduca. Está comprobado que firmar un papel no compromete a nadie en cuestiones de cariño. Un acta de matrimonio es una firma de negocios, punto, en cualquier momento puede uno anular el contrato y listo. No es un lazo entre dos personas que sea indisoluto.

Pero bueno, hay a quien le funciona, hay quien dice que es la constancia oficial para legitimar su relación ante la sociedad, y por mantenerla sólida y segura va a trabajar todos los días de su vida. Me parece perfecto.

Ojalá los homosexuales que han decidido dar el paso reivindiquen la figura del matrimonio civil como un pacto de amor verdadero, y no nada más sonrían para la foto como niños con juguete nuevo para después divorciarse a la primera de cambios. Si así sucediera, hasta la Iglesia Católica se iría de espaldas, de por sí no tiene cómo comprobar que el matrimonio "bendecido por Dios" es el mero mero bueno e infalible. Imagínense, queridos lectores, si en unos diez años no hay un solo divorcio gay, ¡ese sí sería el triunfo de quienes tanto han luchado por ser respetados socialmente! Se hablaría de que los gays sí saben amar, nos darían una gran lección a la población buga, y habría una revolución de pensamiento para quienes ya se empezarían a plantear seriamente que la homosexualidad no sólo es posible, sino buena. Así, con ese juicio de valor.

Pero como sabemos que no va a suceder, que tanto en los hetero, como en los homo, como en los bi, hay problemas de pareja, hay desencuentros, complicaciones para entenderse que pocas veces se está dispuesto a soportar, los que se oponen a esta nueva ley que permite el matrimonio gay tienen mucho qué decir al respecto. Lo malo es que siguen usando los mismos discursos de siempre: que si la familia es la célula de la sociedad, que si es antinatural desde el punto de vista biológico, que si es una perversión psicológica, que...

Esto nos lleva directamente a hablar del tema de la adopción.

¿Ah, verdad? Ese es un verdadero reto para una sociedad que dice estar creciendo y avanzando hacia un pensamiento más cosmopolita, actual, abierto y respetuoso del otro. ¡No es cierto! ¡Es una falacia decir que somos una sociedad moderna! O a ver, ¿cuántas veces no hemos escuchado esa típica frase de "Yo respeto a los homosexuales, que hagan de su vida lo que quieran, pero que no se la arruinen a un niño desde pequeño, ellos no tienen la culpa..."?

Palabras más, palabras menos, la gran mayoría de la población está de acuerdo con eso. Es más, si ahorita mismo se hiciera una encuesta en todo el país, así como el censo, segura estoy de que la mayoría de los mexicanos reprobaría la adopción gay, o al menos se abstendría de opinar al respecto. Y no tenemos que ir tan lejos, tan sólo aquí en la ciudad, de todas las clases sociales... o bueno, hágale usted la pregunta a sus familiares y conocidos: de diez personas, le garantizo que al menos una, dice que no está de acuerdo. (Claro que depende con quién se junte usted y cómo es su familia, pero haga la prueba y me cuenta)

Así como están las cosas, yo no los juzgo. Creo que así como me pasó a mí cuando tenía quince años y tuve que forzar a mi cabecita para que se adaptara al mundo de afuera de mi casa, ese en donde ya no había sólo un Diosito que todo lo cuida, sino peligros en la calle...así como tuve que abrir los ojos hacia la aceptación de otros modos de vida distintos al mío; así la sociedad actual se tiene que ir acostumbrando a fuerza de empeño y ganas de querer entender las cosas. No es tarea fácil.

¿Sabe a cuántas personas les interesa instruirse, leer, conocer para adoptar una postura? ¡A casi nadie! Bueno, dejémoslo claro, no es que no les interese, es que NO tienen tiempo.

La dinámica de un mundo competitivo nos exige ir contra reloj todo el día, las lógicas del mercado no son las mismas que tiene la psique, y eso hay que recalcarlo siempre, para que no caigamos en querer obligar a nuestro pobre cerebro a que asimile en friega lo que está pasando alrededor... sin embargo hay que hacer el intento.

Que una pareja gay adopte un niño tiene tanto de malo como que una pareja heterosexual se case y tenga hijos de manera natural. ¿Qué fue? Bueno, pues todo depende de la pareja, ¿no cree usted? Si el matrimonio bendecido por Dios se deteriora antes o después de tener a los hijos, el futuro de esos pobres niños será infernal, serán discriminados por alguna otra causa, o tendrán la autoestima tan vapuleada, que les será difícil salir adelante por crecer en una familia de papá y mamá, pero con los roles enfermamente establecidos: "padre fuerte/madre débil" o viceversa. El rollo de la equidad sigue por eso, estancado, no hay manera.

Se habrán criado en un ambiente hostil lidereado por dos personas que se mantienen juntas sólo por compromiso social y no por un deseo verdadero de crecer juntos. Y fíjese que aún así, nada es determinante para que el niño o niña no sobreviva. Siempre se puede ser un adulto exitoso a pesar de las adversidades.

Los niños que sean adoptados por parejas gay deberán ser dados en adopción bajo los mismos estrictos criterios que se manejan para las otras parejas: una estabilidad emocional y económica aceptable. Y eso ya es de entrada muy difícil de establecer.

Lo verdaderamente agresivo para el menor, no será la educación que reciba de sus dos mamás o sus dos papás, sino el contraste, -¡qué digo el contraste!- el verdadero choque de narices contra la postura que el medio conservador e hipócrita que los rodea asume de antemano ante las preferencias sexuales... porque todo lo relacionan con el sexo.

...y...es normal, es normal. Cuando uno habla de homosexualidad ya está implícita la idea de la cama, la idea de algo prohibido, gozoso o tormentoso, pero a fin de cuentas, prohibido. Cuando uno sabe que dos mujeres o dos hombres son pareja, es raro no pensar en las muestras de cariño que traspasan la barrera convencional de lo físico para darse en una entrega total. YO lo pienso todavía. Y eso que desde hace muchos años veo la homosexualidad como algo cotidiano y normal, aún asumiéndome heterosexual sin culpa alguna, ahora nada más imagínense para quienes todavía no acaban de asimilarlo. No es condenable que uno vea con esos ojos a las parejas del mismo sexo... lo que sí, es la idea de que SÓLO es eso. Hay que irlo cambiando.

La culpa la tienen los estereotipos: se habla de chistes, de modas, de actitudes que recargan la balanza del lado de la promiscuidad y el libertinaje, cuando a eso han sido orillados los homosexuales por la misma represión que los circunda, pero no es así siempre y para todas las personas. Hay quienes viven una relación tranquila, no se maquillan en exceso, no se disfrazan de vaqueros, ¡no les gusta Lady Gaga! Pero bueno, uno relaciona al mundo gay con lo apasionante de vivir la vida loca y romper esquemas, aunque...¿quién nos dijo que todo era así de atractivo?

Si bien es cierto que la bandera arcoiris sin normas que romper deja de ser divertida, que presumirse libre en un mundo de gays de closet y personas mal cogidas -tal cual-, representa para quien ostenta el orgullo, una marcada diferencia y hasta cierto estatus; también será un reto para la Comunidad el ver hasta dónde están dispuestos a soltarse de ese sitio, hasta dónde el ser considerado "normal" en una sociedad más amplia deja de ser una alternativa novedosa y rica, para convertirse en algo igual de aburrido que decidir entre estudiar medicina o derecho.

Total... queda mucho que pensar, decir y hacer al respecto, y puede que no alcance a ver un mundo en el que todo esto haya cambiado, aunque sorpresas nos da la vida, a ver qué es lo que sucede.



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domingo, 7 de junio de 2009

Decálogo del taxista

Soy una asidua usuaria de los taxis. Por eso nunca me rinde el dinero, porque siempre ando a las prisas y corriendo de un lado a otro. De esto ya son varios años, así que creo tener la suficiente autoridad como clienta frecuente, para hacer recomendaciones para quienes, ya sea por gusto o por necesidad, han decidido recorrer las calles para transportar a la gente presurosa como lo es una servidora.

Los primeros cinco puntos son indispensables para brindar un servicio mínimo de calidad:

  1. No ponga en riesgo la vida.- Esto implica respetar las reglas de vialidad, como son semáforos, señalizaciones, días de descanso obligatorio, los sentidos de las calles, a los peatones y a otros conductores. Por ello debe abstenerse de provocar posibles broncas o hacer caso a provocadores. Usted como chofer de taxi debe poseer un temple inquebrantable, y además cuidar de no beber si va a conducir, mucho menos usar drogas para mantenerse despierto. Respete sus horas de sueño y no salga a trabajar si no se siente en buenas condiciones de salud, ya que eso pone en riesgo tanto a su pasaje como a usted mismo. Tampoco hable por teléfono mientras conduce, ya que suele ser incómodo para el pasajero escuchar conversaciones personales mientras lo ve conducir con una sola mano. Evite sanciones y en lo posible cualquier tipo de distracción peligrosa: el teléfono es una de ellas. Mantenga sus papeles en regla y de preferencia su nombre y su foto a la vista, eso brinda seguridad.

  2. Pregunte la ruta preferida.- Cuando un pasajero aborda el taxi, tiene generalmente un destino fijo. Muchas veces ya se sabe a dónde se va y cómo se llega. Preguntar por dónde prefiere que se vayan es mucho mejor que decidir arbitrariamente la ruta. Si el pasajero ignora la ubicación del lugar, haga usted lo posible por tener a la mano una guía de la ciudad y decidir junto con su cliente el camino más corto. No maree a sus pasajeros con tal de dar más vueltas y hacer correr más el taxímetro, si usted conoce el rumbo, bríndele confianza y conduzca con la seguridad de estar ofreciendo un buen servicio. Si se está quedando sin gasolina, pregunte si no hay inconveniente en pasar a cargar antes, y ponga en marcha el taxímetro sólo cuando salga de la gasolinería. Si considera que no le va a alcanzar para llegar al sitio requerido, mejor no se arriesgue, y si por error o sin más remedio le toca algún congestionamiento vial, mantenga la calma. Un taxista debe estar preparado para abstenerse de tocar como desesperado el cláxon, y de murmurar o gritar improperios por no soportar este tipo de situaciones caóticas.

  3. Haga el intento por no conversar.-Puede que a usted le guste mucho comunicarse, pero tome en cuenta que no toda la gente está dispuesta a platicar en todo momento. Estudie la disposición del pasajero si usted quiere hablar, haga unos cuantos comentarios de rigor y si son fríamente contestados, significa que el cliente quiere pensar mientras viaja, leer o simplemente estar callado. Si el pasajero comparte su afición por platicar, o él mismo inicia la charla, dirija la conversación hacia algún problema de interés común. De preferencia no hable de su vida personal a menos que su pasaje se lo permita, y si es su cliente quien le habla de su vida privada, escúchele atento, y sea cuidadoso en emitir sus opiniones si éstas le son requeridas. Tampoco hable de religión, política y fútbol, debe saber que esos son temas escabrosos que causan conflicto muy fácilmente, pero si por casualidad se encuentra envuelto en una discusión de ese tipo, respete las creencias de la otra persona, o como quien dice "déle el avión", "por su lado". Usted no está para evangelizar, concienciar políticamente o convencer a nadie de lo que usted cree que es lo correcto, para eso hay otros espacios, si ese es su verdadero interés. Entendiendo eso, su charla será más amena y aprenderá mucho más de la vida si escucha más de lo que pretende hablar.

  4. Sea un buen conductor.- saber manejar implica muchas más cosas de las que usted se imagina: ser un buen conductor va desde saber llevar bien el volante hasta mantener una velocidad adecuada y tener presente en todo momento que usted está transportando seres humanos, no bultos de comida para perro. Recuerde que en su mayoría, quienes tomamos un taxi es porque llevamos prisa, así que piérdale el miedo a la calle y no maneje como abuelito con reumas, créame que es desesperante y no faltará quien le pida que aumente su velocidad porque se le hace tarde. Si eso sucede, acelere con moderación, nunca vuele ni rebase a menos que tenga la pericia necesaria para conducirse por la gran ciudad, y si es usted un aventurero arriesgado, tenga en cuenta que el pasajero puede agradecer su osadía si el tiempo es apremiante, pero también puede sentirse asustado si lo ve conducir como si en ello le fuera la vida. Avise lo que va a hacer y pida permiso, recuerde que aunque usted sea el dueño del coche, en ese momento está sirviendo a alguien más.

  5. Respete al pasajero.- ese es el punto crucial para brindar un buen servicio: no trate con demasiada confianza a alguien que apenas acaba de conocer, no importa la edad que sus clientes tengan, nunca les hable de "tú", ni les haga bromas. Si no se siente capaz de entablar una conversación amable sin que ésta suene confianzuda, mejor guarde silencio y hable lo indispensable. Créame que uno agradece más un conductor callado que uno que nos haga sentir acosados. En tiempos de inseguridad latente, un taxista que bromea, hace observaciones sobre nuestra belleza o hace insinuaciones sobre nuestro estado civil o laboral, provoca desconfianza y ganas de bajarse en la siguiente esquina. No ponga espejitos estratégicos para mirar los escotes y las faldas de las damas, no intimide con miradas por el retrovisor, no pregunte a quién van a ir a ver o quién los espera en casa. Eso es algo que no le incumbe a menos que tenga otras intenciones, así que realice su trabajo con decencia, no degrade el trabajo de los taxistas si lo que usted quiere es conquistar mujeres o delinquir. Si usted secuestra, viola y asalta, no es un taxista, es un criminal, y si no lo es, no se comporte como si lo fuera. Tampoco intente vender productos, es muy molesto, ni coloque trucos al taxímetro para que cobre más dinero, eso es reprobable.

Lo anterior entra en el nivel básico. Ahora que si usted quiere brindar un servicio de excelencia, ahí le van las siguientes recomendaciones:


  1. Tenga buenos modales.- Dé siempre los buenos días, las buenas tardes o noches cuando alguien suba. Si el pasajero no es educado y no contesta el saludo, no quedará usted como un descortés. Algunos pasajeros son tímidos, bríndeles confianza con un "Con mucho gusto", "Estoy para servirle". Son frases simples pero muy poderosas. Cuando alguien sabe que está en manos de alguien a quien le gusta hacer su trabajo, se siente mejor, más seguro, más relajado. Dé las gracias, desee buena suerte al despedirse. Hay algunos que se despiden con un "Dios le bendiga", tampoco es malo, es cálido y deja la sensación de haber tenido un buen viaje.

  2. Hable sobre el problema del cambio.- A la mayoría de los taxistas no les gusta cargar con mucho efectivo, debido a que también existe el riesgo de ser asaltados. Eso está bien, pero si es el caso, sugiera que le paguen con cambio, así el pasajero tendrá oportunidad de decir si va a pagar con un billete de alta denominación. En ese caso, ofrézcase a cambiarlo cuanto antes en cualquier tienda o gasolinera, así tendrá la certeza de que el eterno problema del cambio estará resuelto antes de llegar a su destino.

  3. Tenga atenciones.- Preocúpese por la comodidad y seguridad del pasajero. Prevenga que nadie pueda abrir por fuera el auto, sugiera colocarse el cinturón de seguridad, acomode los bultos en caso de haberlos, de forma que no caigan o lastimen a nadie, pregunte si debe cerrar la ventanilla porque el aire puede molestar, pida disculpas si no alcanzó a ver un tope y éste lo hizo brincar. Abra la puerta, ayude a bajar las cosas de la cajuela, brinde un servicio amable y con una sonrisa, le aseguro que la carga será menos pesada incluso para usted si tiene una actitud fresca y positiva. De esta forma, hasta los pasajeros más insufribles serán sólo eso: pasajeros.

  4. Mantenga limpio su automóvil.- No fume, resista el hábito, ahora que si ya es un vicio, pida permiso antes o hágalo cuando vaya solo, pero procure limpiarlo constantemente para que no guarde olores y siempre esté impecable. No hay nada más agradable que subirse a un taxi limpio, que huela bien. Seguramente le tocarán pasajeros inconscientes que embarren su auto de sustancias inimaginables: son los gajes del oficio, amigo, asúmalos con entereza y resuélvalos con dignidad. No se puede andar regañando a los pasajeros porque azotan la puerta o porque ensucian los interiores, si eso sucede, ponga una cara elocuente de disgusto, a veces eso es más que suficiente para obtener la disculpa del otro, y si así pasa, acepte la disculpa amablemente, no caiga en ser grosero, como sea, son sus clientes. Procure ser tolerante hasta donde se pueda.

  5. Escuche música tranquila.- o en su caso, las noticias. Nunca tenga música alocada o a un volumen estridente, créame que aunque a los pasajeros les guste el mismo tipo de ritmos que a usted, le agradecerán más que el volumen sea moderado y que la música incite a la calma y no al desorden. No cante a menos que vaya solo. No dé la impresión de que usted anda en su casa rodante y que uno es sólo un intruso de su comodidad. Tenga siempre presente que usted es un transportador, está sirviendo, no está haciéndole un favor a nadie, no se comporte como un patán que manda, sino como un servidor que complace. Si no le gusta ese trabajo, búsquese otro, se lo digo en serio.

En fin. Yo suelo ser una buena pasajera. Respeto al conductor y a su auto en el agradecimiento de que me están llevando cómoda, segura y con rapidez al lugar deseado, pero entiendo que existen otras personas que abusan de ese servicio, lo cual no quiere decir que por ello todos seamos iguales.


Por fortuna he conocido taxistas que cubren todas las características anteriores, pero por desgracia son muy pocos, la inmensa mayoría tiene un defectito que corregir, por eso quise contribuir con estos "Diez Mandamientos", para que si alguien sabe de alguien a quien le pueda servir, sea tan amable de hacérselo leer.


El servicio de taxi se está haciendo cada vez más necesario en las grandes ciudades como la mía, y no quisiera dejar de preferir viajar así, sólo porque los caballeros -y algunas damas conductoras- no se ponen bien las pilas y no realizan su trabajo como el cliente desea.


También invito a los demás usuarios, que me digan si se me pasó algo, podría ser de mucha ayuda para perfeccionar este decálogo, que podría ser un buen manual de cabecera para todo conductor de transporte público que se precie de serlo.



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martes, 5 de mayo de 2009

Últimas reflexiones sobre el virus de la Influenza

Al menos por el momento quiero dejar de escribir sobre esto, ya que el tema seguramente va a seguir dando para mucho más. Por ahora sólo quiero puntualizar sobre la evolución del enfoque con que se ha percibido el fenómeno desde mi punto de vista personal, como siempre.

La primera impresión al conocer la noticia el pasado jueves 23 de abril, fue de una alerta que nos hizo lavar cobertores y desinfectar cada rincón de casa con el fin de erradicar cualquier resto de las terribles gripes que nos habían atacado en esas semanas.

La segunda etapa fue empezarse a preguntar cosas, analizar la situación del país y del mundo, y desconfiar de lo oportuno de esta enfermedad y de lo conveniente que era para algunas personas en épocas de elecciones y puentes vacacionales.

La tercera fue casi pelearme con personas que estaban tan paniqueadas, que simplemente no había punto de discusión. La pandemia era inminente, y ya fuera que se basaran en textos científicos, históricos o religiosos, no había modo de dialogar, mantenían firmemente su postura.

La cuarta fue hacer un balance entre todo lo visto, oído y leído, para finalmente estar de acuerdo en que:
  • Según los científicos, los virus son mortales, que en efecto la gripe es algo que hay que temer debido a su alta contagiosidad, y que hay que estar más pendientes de ciertos detalles para cuidar nuestra salud.

  • Según la historia, no es la primera vez que se da algo de esta naturaleza en el mundo, hay bacterias que han matado a poblaciones enteras y esto probablemente tenga algo que ver con el nuevo orden mundial, ya sea provocado artificialmente o de manera natural.

  • Según los religiosos, están previstas más plagas para la humanidad debido al descuido y la falta de respeto y consciencia que ha tenido siempre con el medio ambiente que le rodea; de tal modo que brotes dañinos como este de ahora, sirven para hacer pensar un poco más en todo aquello que hemos venido olvidando, y que es crucial para la vida en armonía.

Pero la perspectiva desde donde uno mira las cosas, tiene que ver no sólo con nuestra historia personal, sino con la memoria colectiva y sobre todo, con la preparación académica o especialización que uno tenga. Por ello, para los matemáticos, biólogos y químicos, el problema tiene importancia desde cierto ángulo, mientras que para los sociólogos, antropólogos y psicólogos, por ejemplo, tiene una importancia de índole distinta.

En mi caso, al estar desde siempre interesada por el estudio de las Humanidades antes que de las Ciencias Duras, mi interés era de entrada conocer las reacciones de la gente, sus manifestaciones culturales, artísticas y sociales, habiendo encontrado en ellas innumerables casos de ingenio, miedo, ignorancia y desprecio por quien piensa distinto.

Algunas personas insistían en preocuparse por las víctimas fatales, y a mí me importaba más el pensar en lo que haríamos nosotros, los vivos; por ello siempre me mantuve un tanto escéptica de la gravedad del asunto, pero sin dejar de estar constantemente informada, actualizándome en los noticieros e investigando por otras fuentes.

Por eso, al día de hoy mi postura no descarta la importancia de ser conscientes del virus y el cuidado que hay que tener para llevar una vida sana; sin embargo sigo inclinándome a preocuparme más por la ventaja que ciertas personas vayan a tomar de esta situación, de la escasez de agua que va a agravarse muchísimo ahora que mucha gente se baña dos veces al día y se lava las manos otras cincuenta. Me preocupa no el hecho de que usemos cubrebocas con caritas pintadas o mascarillas antigases muy discretas, sino lo fácil que será encubrir las identidades de personas que se dedican a delinquir, por ejemplo, o la discriminación que se agudizará hacia la gente de pocos recursos, indigentes, niños de la calle y personas en general que no tienen acceso a la salud pública.

Ese tipo de cosas también hay que preguntárselas, socialmente es muy duro entrar en una crisis como esta que estamos viviendo, el costo es muy elevado. No ignoremos también lo mucho que esto va a afectar a la economía de las microempresas, por ejemplo cuando los pequeños restaurantes o fondas tengan que cerrar si no pueden acatar la orden de la distancia que debe haber entre comensales. ¿Qué pasará con los comerciantes informales? Hasta ahora no supe que les fuera prohibido poner sus tianguis y puestos callejeros, al menos no en la mayor parte de la ciudad, en donde los mercados siguieron su rutina habitual, aunque con menos clientela.

Los doctores seguirán teniendo el privilegio de ser una de las profesiones más demandadas por los estudiantes y por la población en general para alivio de sus males (con lo arrogantes que son la mayoría ¬¬). Y estoy segura de que tal vez mis hijos en su vejez podrán ver los resultados del estudio del Genoma Humano, mismos que pueden ser quienes salven al hombre de perecer a causa de los bichos... sin embargo seguirá habiendo muertos, siempre debe de haber muertos antes... pero también injusticia, desigualdad y negligencia. Que estado de salud de las personas no vaya a ser un pretexto para restringir -todavía más- el acceso a las fuentes de trabajo o al despido injustificado de los empleados en ciertos casos.

Sé que habrá muchas cosas que empezarán a cambiar y a hacerse visibles, ojalá me esté equivocando...en dos días regreso a la Universidad y voy a sentir muy feo que alguien no quiera ni darme la mano. "Tendremos que acostumbrarnos a ello", dicen los expertos, pero ¿qué otras manifestaciones para demostrar afecto habrá si debemos evitar, en lo posible el contacto físico? ¿Habrá que conformarse con las tarjetas virtuales y los correos electrónicos? ¿Se pondrá de última moda el cybersexo como una alternativa al contagio?

Yo no lo sé, pero por lo pronto este es el último post que escribo de corrido sobre el tema, ya que ha roto el récord de cinco entradas consecutivas en este blog y quisiera hablar de alguna otra cosa. Ya veremos el curso que toma el fenómeno, mientras tanto, ¡a preguntarse cosas! Creo que se va a poner más que interesante.

viernes, 1 de mayo de 2009

El primer brote de una segunda epidemia

Quisiera declararme harta de esto, pero no hay tiempo para cansarse de algo que apenas está empezando. Desde la división entre los jodidos que votaban por "El Peje" y los que se creían nice y votaban por el PAN, no había visto una división de opiniones tan radical como la que ha provocado la Influenza.

Es verdad que el cruce de información causa confusión, y que hay que tomar postura de alguna forma. Hay quien dice: "pues por si son peras o manzanas, mejor me protejo". Hay otros que se burlan y hacen bromas en la calle tosiendo a propósito para ver cómo la gente anda paniqueada, y hay quien se mantiene más neutral, analizando la situación, abrevando de todas partes, aumentando quizás la confusión de la mente, pero con decisiones más eclécticas y menos viscerales...por desgracia son los menos.
Ahora es muy notoria la tensión entre quienes se inclinan a pensar en que todo es una patraña, y quienes se obstinan en justificar las muertes, leen información médica, política, sociológica y todo, pero no hacen más que reforzar una idea preconcebida.

Hay fans a ultranza del cubrebocas, del alcohol gel y de los reportes diarios, y también hay fanáticos de las teorías conspirativas que se la pasan intentando convencer a todos de que no hagan caso al gobierno. Pero eso ha sido siempre como ponerse "con Sanzón a las patadas". Y también hay quienes siguen engrosando las filas de las religiones emergentes y de alguna que otra más antigua, argumentando presagios del fin del mundo y códigos ocultos en los versículos de la Biblia.

Como decía en un post anterior, hoy que voy al trabajo es mejor llevar cubrebocas para que la gente se sienta "más segura" y más relajada cerca de uno, pero no porque esté total y absolutamente convencida de que son indispensables. Hay una Bacteriofobia creciente en este país, y no me sumo a ella.

Es una pena que empiece a sentirse esa división de opiniones como cuando el país se tiñó de azul en el norte y de amarillo en el sur. Si fuera cierto eso de que hay algo sucio detrás de esta noticia, estarían logrando dividirnos de un modo en que ya nadie escucha a nadie, no nos damos el beneficio de la duda, por más descabellado que parezca. Para todos, el alarmista es el otro.

¡El virus existe, mata gente, protéjanse...!
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¡Lo peligroso está en el gobierno, y lo que están haciendo con nosotros!


Qué lástima, pero es muy difícil ponerse en medio, ¿no es cierto?

jueves, 30 de abril de 2009

Y sigue la mata dando...

El día de ayer me llevé de viaje a mis dos hijas -me refiero a la legítima y a una prima mía en el mismo rango de edad-. Fue, para algunos, una manifestación de irresponsabilidad: viajar sin cubrebocas en un tour por el Metrobús de Perisur a Indios Verdes, y por Metro de Indios Verdes a Universidad. Eso, sin contar el RTP que tomamos para llegar a Perisur, el Microbús que tomamos del Metro Universidad y el Taxi que usamos para llegar finalmente a casa.

Ayer utilizamos los cinco medios de transporte más utilizados en la Ciudad de México, y sin cubrebocas. Para muchos sería un viaje suicida, un arriesgar la vida mía y la de mis hijas sin tener temor de Dios... yo no lo veo así. Dado el acceso a la información que tengo por otras fuentes que no son las tradicionales (entiéndase televisión abierta y radio-pasillo), tengo elementos suficientes para no temer a la enfermedad, no del modo como le teme la mayoría. En casa mis dos hijas ya pasaron por una gripe atroz, infección de ojos incluida, las dos. Yo, por mi parte, ya padecí de una influenza estacional que casi me vuelve loca, pero ya fue.

Lo curioso es cómo en la calle, ocho de cada diez personas usan el cubrebocas, y se nos quedan viendo como bichos raros a quienes no llevamos cubierta la cara.

Fue un fenómeno interesante: dicen que como primates que somos, un gesto inherente a nuestra naturaleza es tocarnos la cara...nunca creí que fuera tan difícil aguantarse. Queriendo o no, algo del miedo de la gente se te pega al estar entre ellos. Ser conscientes de que en las manos traemos bacterias de otros, y una de ellas, posiblemente la mortal Gripe Mutante, nos hace aguantarnos las ganas de rascarnos la nariz para no infectarnos, y de estornudar debido al polvo o la contaminación, por miedo a sentirnos señaladas.

Una niña que iba con su cubrebocas acompañada de su madre, nos escaneó a las tres por todos lados, cual si quisiera encontrarnos llagas o cualquier indicio de enfermedad por no estar protegidas. Otro señor se nos quedaba viendo con ojos de furia, como si con la mirada nos dijera ignorantes, irresponsables, insurrectas y de todo un poco... otros más ni se nos acercaban, y hasta un muchacho nos grabó con su celular. (¿?¡!) Mi hija dijo: "Imagínate mañana el titular con Loret de Mola: 'Un amigo del público nos hizo llegar un video de la gente irresponsable que no usa su cubrebocas... pero pus Popocatépetl, ¿no?"' De risa loca...

¿Esto dará pie a la discriminación, al asco y a la paranoia en todos sentidos? Pareciera que no es tan grave, pero en nuestra experiencia, así fue. Nos sentimos intimidadas, con dolor de cabeza por el extremo calor que hace en la Ciudad de México, y sugestionadas al llegar a casa por creer haber contraido el virus. Ya no nos vuelve a pasar... la próxima vez saldremos con cubrebocas aunque sepamos que sirve para dos cosas...(nunca he sabido qué significa exactamente decir eso, pero el caso es que tiene que ver con que no sirve para nada). El uso de cubrebocas es peor que las modas, incluso los hay de precios y marcas también. Las personas que parecían con más recursos, lucían el 3M de su cubrebocas como si fuera un A/X genuino en una playera. Y hoy en la tele vi a un actor (Rogelio Guerra, para ser exactos) que traía una elegante mascarilla antigases, como diciendo "esto me hace diferente y me da estatus".

Antes la gente podía o no verte feo si vestías mal, pero ahora, si no traes cubrebocas, nunca falta el dedo flamígero de la acusación que se siente en las miradas de la gente. Usar cubrebocas se está convirtiendo en una manifestación social, misma que hay que acatar si no queremos que nadie se sienta ofendido.

Yo estuve con una culpa inmensa tirada en cama sintiendo que el sol se me había metido en medio de los ojos, y no descansé hasta darme un baño de pies a cabeza, el segundo baño del día. Todo eso me bastó para saber el efecto que causa la convivencia con otros que traen el miedo a cuestas. La gente ha de sentir la necesidad de bañarse más de una vez al día, de lavarse las manos compulsivamente y de alejarse de la gente que tosa o estornude.

Una de mis hijas casi se vomita al tener que viajar al lado de una mujer que bajo el cubrebocas moqueaba constantemente... ¡qué repulsión, temor, todo! Y a gastar agua de más -como si hubiera-, comprar toallitas con cloro, guantes de cirujano y productos antibacteriales para mantenernos a salvo...la verdad, no lo creo necesario.

Hay que educarnos, no queda de otra, nunca queda de otra. Reeducarnos en estos tiempos que se nos están echando encima, y repensar esta situación por la que muchos se dejan llevar sin detenerse a pensar un poco. Yo ya tuve mi experiencia con la civilización, y no me gustó. Mientras seguiré quedándome acá en mi pueblo hasta que tenga que volver al roce con la raza, eso sí, con un cubrebocas confeccionado por mí misma, para que al menos refleje un poco de mi personalidad.


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miércoles, 29 de abril de 2009

Influenza...continúa el aislamiento

El presente post es para aclarar ciertos puntos que quedaron pendientes del anterior, ya que fue escrito a escasos dos días de haber sido anunciada la contingencia, con la pasión natural que caracteriza el impulso de mi escritura.
Hoy las cosas son distintas: se sabe que el nuevo bicho ha infectado a personas no sólo en México sino en todas partes, por lo que va quedando descartado el hecho de que sea sólo un invento tipo Chupacabras para tapar exclusivamente acciones del gobierno mexicano. La gente está muriendo, claro, pero igual mueren personas por desnutrición y pobreza, y por respeto a ellos nadie guarda un minuto de silencio.

Las epidemias matan, ese es su trabajo, al igual que el SIDA está cobrando vidas desde hace poco más de dos décadas alrededor del mundo, y no quisiera sonar tan fría, pero así es. De los -aproximadamente- veinte casos confirmados de la muerte por Influenza, seguramente se complicaron por no detectarse a tiempo, porque las personas tenían un sistema inmunológico débil o porque tenían otras enfermedades -aclaro que estoy especulando, créanme la mitad, pero estoy en mi derecho-. El gobierno se ha puesto de cabeza ante esta situación, y por eso debe tratar de evitar que se propague el virus para no duplicar el gasto que tendría que hacer para dotar de medicamento a toda la ciudadanía, pero como nunca ha sabido manejar las cosas, recurre a mantener a raya a la población, ya que siempre es más fácil y rápido infundir el miedo que educar, no me queda duda.

Por lo pronto urge atender a los enfermos, que el Seguro Social y todas las intancias de salud pública se pongan a hacer el trabajo que desde siempre debieron hacer: brindar un servicio de calidad a los pacientes, y por supuesto que esto no se logra de la noche a la mañana, "se las han de estar viendo negras", porque al igual que con el temblor del '85, estas cosas sacan a relucir las deficiencias que han tenido nuestros gobiernos desde toda la vida -please don't get me wrong, don't call me grillera-y esta epidemia no puede ser la excepción.

Por ello es natural que uno saque las garras cuando lee que se "Podrán allanar viviendas para imponer tratamientos" (La Jornada, 26 de abril de 2009), ¿a qué les suena?. Violación de los derechos individuales, por supuesto, y en un panorama de paulatina militarización del país, ¿qué más puede uno pensar a golpe de oído? Sumémosle a eso la impotencia y depresión que sumen al mexicano en el desaliento con facilidad, misma que tiene varias manifestaciones que van desde hacer chistes de ello, hasta embriagarse viendo la tele para evadirse. Creo que no dije nada extremo, se han dicho cosas más extremas aún, cosas que por falta de información fidedigna, no me he atrevido a suscribir, haciendo uso de esa responsabilidad que se nos achaca a los bloggeros y que en cierta forma poseemos.

Días después de saber que mis estudios tendrán que esperar, a tan sólo un par de meses para terminar mi carrera, ahora que sé que es debido a un bicho genuino, real, que está matando y que ha generado preocupación en el mundo, puedo entender que es un problema grave. Lo que sí me sigue preocupando es que esto genere en la población los efectos negativos que cualquier situación de crisis es propensa a provocar.

¿Se imaginan? Hay que lavarse las manos más seguido y en nuestra ciudad se está acabando el agua, SE-ESTÁ-ACABANDO. La medida de usar cubrebocas genera más deshechos, la gente los tira en la calle, ¿realmente necesitamos eso? Si antes la gente no se daba abrazos, ahora, menos. Si la gente desconfiaba de todo el mundo, ahora incluso se tiene asco. Si la gente se ocupaba de sus propios intereses (como que ahora mi titulación tendrá que esperar otro tanto), ahora con más razón -eso me asusta, me asusta mucho-. Si a la gente le gustaba estar en casa cheleando y viendo el entretenimiento de Televisa y TVAzteca, ahora, más. Los comunicadores realmente se han creído su papel de redentores del aburrimiento mucho más que otras veces, y sienten que el "compromiso social" que tienen para embrutecer al pueblo, es más necesario que nunca.

Y como esos ejemplos, podría darles muchos más, por lo tanto, ¿qué actitud tener ante lo que pasa? Bueno, en medida de lo posible, quienes no carecemos de agua y tenemos otras opciones que ver -y entender- en tele, radio y prensa, tengamos las medidas de higiene más básicas, mantengámonos informados y al día, y no tengamos miedo de abrazarnos y besarnos, salir a la calle, poner la mano en el (infectadíiiisimo) tubo del metro o del microbús y seguir hasta donde nos dejen, con la normalidad de la vida. "Un pueblo inculto es más fácil de dominar" como decía Martí -please don't call me comunista- y los que tenemos el privilegio de contar con un espacio como este, atrevámonos a decir lo que pensamos y a discutirlo.

Por eso veo con otros ojos las canciones y videos que ahora circulan sobre el problema: comulgo con desacralizar las cosas, ironizar, reír cuando se quiere llorar. Es condición natural del ser humano, y particularmente de culturas como la nuestra, todo está en cómo se mira. Si eres pariente de un fallecido, o si decides verlo a través de ese cristal, no te va a hacer mucha gracia. A mí me preocupan los vivos, y ruego por que nadie enferme crónicamente de miedo y de egoísmo, que son males más peligrosos que la propia Influenza.

Y por cierto, gracias a quienes me impulsaron a escribir este post calentando este espacio, que ya últimamente se sentía un tanto frío de sus opiniones. -Sirena y Panda- Seguiré pendiente de la nueva información que se genere.

domingo, 26 de abril de 2009

Caso aislado

Desde el mes de diciembre del año pasado me he estado enfermando de una gripe muy latosa. Nunca me ha gustado gastar dinero en doctores ni en medicamentos, y contrario a las indicaciones de todo el mundo, me automedico frecuentemente, utilizando antibióticos de vez en cuando, y analgésicos las más de las veces. Cuido, sin embargo todo aquéllo que entra en mi cuerpo procurando no abusar de nada, y usar la medicina de farmacia sólo como último recurso. Así es que a través de los años, mis males se han curado con tés, jugos y alimentos que recomiendan las abuelas desde tiempos inmemoriales: los médicos no me caen muy bien -qué ironía-.

Aunque últimamente la edad me ha pasado factura de varias cosas, y he tenido que cuidar mi salud con más detalle aún contra mi voluntad; las gripes son cosa de todos los años y nunca me han preocupado de más. Cuando una gripe me ataca, me pongo "flojita y cooperando", me entrego a ella y le digo "haz conmigo lo que quieras". Confío en mis anticuerpos y los dejo hacer su trabajo eliminando al virus y sus efectos en menos de una semana. Me ayudo con jugo de naranja, agua de limón y tés con miel. Hasta ahora me ha dado resultado.

Dice mi madre que no hay mejor cura para ciertas enfermedades comunes, que "el remedio de no te hago caso", y miren que lo he comprobado, pero eso no pasa así con la mayoría de la gente, que está muy paranoica por todos lados, se le ha inyectado una cultura del miedo en dosis muy pequeñas con el paso del tiempo, así es que de un momento a otro, cuando anuncian que una Gripe Mutante ataca a la Ciudad de México, no pasan ni veinticuatro horas y ya todo el mundo trae cubrebocas, no sale de casa y procura no tocarse ni besarse más que lo estrictamente necesario.

Yo no sé, pero la situación que se ha dado desde la noche del jueves pasado y hasta el momento en mi querido terruño, me parece un fenómeno digno de estudio.

Sin ir muy lejos, en casa lavamos cobijas, sábanas y desinfectamos todo con cloro cual si se tratara de luchar contra una bomba biológica (y lo justifico porque las gripes sufridas por los miembros de la familia habían tenido síntomas nunca antes sentidos), pero luego de tomar las precauciones mínimas, me preparé para salir a la calle. Estaba puestísima para ir a un espectáculo de cabaret que tenía muchas ganas de ver, y mi acompañante decidió quedarse en casa por miedo de traerle el virus a su familia. Me quedé frustrada por no tener carro, vivir lejos del teatro y guardada en casa. Ahí me enteré de que las clases se suspenderían por semana y media en todos los niveles educativos de la ciudad, que se cerrarán teatros, cines y museos, y que se cancelarán eventos masivos como partidos de soccer, conciertos y hasta las misas.

Me quedé en shock porque ahora que podría aprovechar que las calles están vacías, no puedo ir a un museo porque hasta va a haber operativos para asegurar que nadie salga si no es urgente. Inclusive se autoriza entrar a las casas en algunos casos, según lo que escuché en el comunicado.

No sé qué opinen, pero con la poca información que poseo del asunto, considero que es un plan muy macabro. Debe haber algo de cierto en lo de la dichoza Influenza Porcina (un virus que atacaba a los puercos y que mutó para infectar a los humanos, lo cual se ha vuelto mortal en algunos casos documentados), pero también hay mucho de manipulación política y de cosas raras. Se acercan las elecciones para diputados federales, y es mucha casualidad que sabiendo de la existencia del virus desde el año pasado según gente cercana que trabaja en hospitales, sea hasta este momento que se haya informado, y que se hayan tomado estas medidas tan drásticas para protegernos de algo que está cobrando dimensiones épicas con la opinión de la OMS y otras instancias externas.

Y es que hay muchas formas de amarrar a la gente: declarar cuarentena en la población por algo que aparentemente no es tan grave, atrapa tanto a los hipocondriacos como a los perezosos, que ahora tienen el pretexto idóneo para no asistir al trabajo, pero ponen en aprietos a otras personas que tendrán que cubrir doble turno, encargar a sus hijos a ver dónde o viajar en el transporte público teniendo asco de todos. A ver, ¿por qué no pararon las actividades productivas? Si el asunto fuera tan grave, lo harían. Esto huele más a un experimento social, algo que tenga que ver con el comportamiento de la gente en situaciones de crisis, medir el nivel de obediencia y las reacciones de las masas. Los comunicadores parecen cortados con las mismas tijeras, y el manejo que hacen de la información, realmente apesta.

Poco a poco irán saliendo esas cosas que están detrás de la Influenza y el pánico que ha causado en los habitantes de la capital y otros estados, pero de momento aunque parezca que sólo estoy especulando, basta con ver a los hijos pequeños de mis vecinos, jugando a que "ahí viene el virus", la aparición de cada vez más anuncios en la tele sobre productos de higiene y antibacteriales, la negativa de la gente a querer salir a cualquier lado, la cobertura especial en los noticieros, la escasez de cubrebocas, y su venta abusiva hasta en cincuenta pesos, cuando su costo promedio es de 3 a 10 pesos; para darse cuenta de que hay muchas cosas más allá de una bien intencionada acción para protegernos del contagio y prevenir gastos mayores por parte del gobierno.

Por lo pronto quedan todavía nueve días de cuarentena, toque de queda o como prefieran llamarle. Ya veremos cómo avanza, mientras tanto escuchen esto que han dado en llamar la Cumbia de la Influenza, una reacción más divertida a la situación que se está viviendo en el Distrito Federal, ciudad que cariñosamente llamamos Chilangolandia, y en donde surgen ideas desde lo más profundo de las cloacas.

jueves, 16 de octubre de 2008

¡Larga vida a la RTP!

En mi casa le llamamos "la figura amable del camión". Cuando lo estamos esperando en la parada, o simplemente cuando lo vemos pasar, decimos que ahí va la figura amable, y es que es amable por muchas cosas.

Cuando es de todos sabido que en el transporte público viajan muchos hombres trabajadores, que no por muy trabajadores son menos morbosos ni gustan de manosear e intimidar con miradas a las jovencitas de secundaria; llega entonces al rescate el "super" RTP Sólo para Mujeres.

He de confesar que cuando recién se estrenó este servicio (cuyo nombre real es Programa Atenea), hacíamos malos chistes sobre en dónde estaban los strippers, pero después nos dimos cuenta de que la cosa iba en serio, y que a pesar de la obligada polémica en estos temas, el proyecto tuvo éxito. Las mujeres nos sentimos seguras al viajar entre pura vieja. Así nos mezclamos ancianas, estudiantes, madres de familia, secretarias y mujeres trabajadoras en general. El servicio es excelente.

Por otro lado, un camión de esta ruta da servicio exclusivo en las mañanas a los chamacos de la escuela: así tal cual. Sólo recogen uniformados y padres o madres de familia con mochila al hombro y niño de la mano. Esto ha sido muy útil porque los niños y adolescentes viajan contentos de que haya un servicio especial para ellos, y quienes vamos de colados porque tenemos retoños que acompañar, también lo estamos.

Pero eso no es todo: al menos en la ruta que me ha acompañado desde hace varios años, la que va del Pedregal de San Nicolás al Metro Chapultepec, los choferes son de lo más selecto de este mundo.

Recuerdo que alguna vez le dije a un alumno:

-¿Quieres dejar de estudiar y volverte microbusero?- todo el grupo se quedó callado, como si con mi alusión ofendiera a sus padres, tíos o hermanos que trabajan de transportistas. Me di cuenta de ello y continué.- Pues si eso quieres, no tiene nada de malo, pero entonces tienes que ser el MEJOR microbusero, dar un muy buen servicio, porque mira que nos hacen falta de esos.

En el caso de los de la RTP, (cuyas siglas significan Red de Transporte de Pasajeros del Distrito Federal) son unos señores intachables. Jamás he visto a alguno infringir una ley de tránsito, echarse a jugar a las carreritas con algunos compañeros, aturdir al pasaje con el alto volumen de una música insufrible, o mentarse la madre, al contrario. Cuando se encuentran dos camiones de frente, se saludan cordialmente alzando la mano y siguen su camino, llevan música a un volumen aceptable y son cordiales con los usuarios. Algunos choferes que se conocen, se sonríen o se gritan un saludo corto, pero no se quedan a cotorrear cuando uno lleva prisa. Más bien son los de los microbuses quienes luego les echan bronca porque en una parte de la zona comparten la misma ruta, y la verdad es que no hay competencia: los camiones de a dos pesitos son mucho más cómodos, rápidos y seguros que los que cobran el doble y arriesgan tu vida.

Una vez me tocó presenciar cómo un tipejo conductor de un micro intentaba provocar al señor del camión... yo creo que estaba drogado o loquito, con esos ya nunca se sabe, pero el caso es que quería pelear por una estupidez de la que él mismo tenía la culpa, es más, lo había hecho a propósito para hacer enojar al chofer. El caso es que el del camión se comportó a la altura, a pesar de que efectivamente el otro tipo le estaba calentando la sangre. El muy imbécil se tuvo que conformar con echar elegantes amenazas del tipo "¡Donde te tope, puto!" y seguir su camino furioso. Nuestro chofer le argumentaba que no fuera necio, que no se iba a bajar a pelear, porque traía pasaje. ¡Qué honor que le den a uno su lugar como pasajero! Y no se bajó, y dejó al baboso ese con las ganas de tirar golpes.

¡Así se hace, carajo! El chofer quedó como un valiente, no como un cobarde que le sacó a los trancazos, y los que estábamos arriba, de no ser por el susto, le habríamos aplaudido de pie al caballero.

Yo no sé si el reglamento de los camiones será más estricto que el de los micros, y las sanciones en caso de incurrir en faltas sean más severas, pero sea lo que sea, está funcionando. Los señores son amables con la gente que aborda sus unidades, salvo extraños casos en que al conductor se le ve cansado y cortante, la mayoría de las veces son finísimas personas.

Sólo espero que en el sindicato que forman los respetables no se maneje de modo que puedan heredar sus plazas a los hijos, y si así lo hicieren, que la nación se los demande (jejeje). Me refiero a que si cuando los señores sean ancianos y otros conductores ocupen sus lugares, que no se pierda la cultura del buen servicio, que les hereden junto con el camión, el gusto por transportar a la gente, la dignidad de tener un trabajo de alta valía, porque en verdad que mover a los que estudian y trabajan en esta ciudad, no es cualquier cosa. Los conductores de microbuses deberían de entender que su trabajo importa, y que por eso deben hacerlo con responsabilidad.

Tampoco quiero generalizar, pues hay quienes conducen unidades limpias, respetan las señales y a las personas, pero después de subirme a un microbús conducido por un menor de edad, que llevaba a otros cuatro cabrones con caguama y vasitos de plástico en mano, oyendo reggaetón a un volumen estridente y orinándose en los asientos de hasta enfrente, ya no sé qué más esperarme de este tipo de transporte público. Los conductores de autos particulares no me dejarán mentir: estos especímenes son un dolor de cabeza, o como diría una gran amiga chilena: son un verdadero grano en el culo.
Sólo hay una crítica que podría hacerle a los camiones: que dejen de dar boletitos que sólo sirven para hacer más basura... aunque, ¡momento!, si su número de serie suma 21, fomenta que la gente se regale un beso, lo cual es también necesario en esta urbe tan falta de amor.